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La encrucijada actual de la distribución de cine es de las que hacen época. Estamos, como en tantos otros sectores, inmersos en una transición salvaje, reconstituyente podríamos decir.

En España el cine que no está controlado por las majors norteamericanas, las grandes distribuidoras de cine en todo el mundo, un ejército prácticamente invencible, apenas supone el 25% del mercado. El margen es poco, ridículo ante cualquier negociación. Y en este débil panorama, uno de los grandes símbolos del sector, la distribuidora Alta Films, cierra. Enrique González Macho, su responsable, es quien tomó el relevo de Álex de la Iglesia (ese “loco” que decía que el futuro ya era internet) en la presidencia de la Academia del Cine. Un tipo clave, respetado, representativo de la generación que surgió en la Transición, que a su vez había tejido con los años una red de cines vital, los Renoir, también en desmantelamiento.

Desde un punto de vista económico los datos son catastróficos, y cada día aparece uno peor, pero desde un punto de vista artístico el momento del “otro cine español” es de traca, y no me refiero sólo al mal llamado cine low-cost. Unos empujan, innovan y abren caminos, inventándose nuevas maneras de mover sus películas, ya sea por convicción o porque no les queda otro remedio, y otros resisten ejecutando soluciones viejas a problemas nuevos o mirando con indignación cómo nadie se ocupa de ello. Y digo “nadie” como sinónimo de las administraciones públicas.

Como decía Carlos Losilla de otra manera en un artículo publicado en La Vanguardia el junio pasado respecto al cierre de cines: que se muera lo viejo para que venga lo nuevo. Esa tragedia o esa ilusión que ha servido como argumento para tantas buenas películas.

El cine como evento

Vayamos a los orígenes: ir al cine como acto social, ¿lo recuerdan? El ejemplo más sintomático, el gran éxito de las sesiones de cine Phenomena Experience, porque apela precisamente a eso: a la nostalgia de cuando éramos niños e íbamos al cine como un acto colectivo, masivo y lúdico. Siempre está lleno, con aforos de hasta 1800 espectadores. Programas dobles, actividades paralelas, gritos, risas, aplausos. Pero claro, con películas populares clásicas que conocemos todos y que no necesitan inversión en promoción, de ahí el bucle (de interesantes lecturas) y su gran truco. ¿Y qué hacemos con las películas de ahora? ¿Y con las que no son tan populares?

Acceder al sistema tradicional de distribución en salas y que luego te funcione está más difícil que nunca. Y plantear estrategias complementarias al tan soñado estreno en cines, choca frontalmente con las viejas normas de las distintas ventanas de explotación de la obra (cines, DVD, televisión, VOD), con sus tiempos, trabas e intereses particulares. Pero citaré hasta 6 casos recientes que han intentado romper esta dinámica, películas de aquí que se han buscado la vida para moverse de manera diferente, consiguiendo cierto éxito o al menos apuntando pistas de eso nuevo que tiene que venir.

Por un lado films como "Mapa", de Elías León Siminiani, o "Los Ilusos", de Jonás Trueba, que organizaron una ruta de proyecciones en distintas ciudades, con coloquio y presencia del director, y con un modelo híbrido de exhibición: cines comerciales privados y centros culturales públicos (del CCCB a la Cineteca del Matadero de Madrid, todo ese circuito paralelo que se ha ido creando para sustituir la función que antes hacía un Cine Verdi por ejemplo, del que son representantes también proyectos online tan estimulantes como Márgenes o PLAT, o la nueva iniciativa del Festival de Cinema D’Autor, distribuyendo en parte por este circuito 10 films de éxito de su festival). O "Blancanieves", de Pablo Berger, que realizó una ruta de proyecciones por grandes teatros con concierto en directo de su banda sonora, generando más ingresos y notoriedad que por la vía tradicional. O la ruta de este verano de "Barcelona Nit d'Estiu", de Dani de la Orden, con llenos absolutos, música en directo, charlas con el equipo y gran complicidad con el público (una estrategia integral hilvanada por Filmin y Cameo, que ya hicieron de las suyas con el estreno de "Carmina o revienta" de Paco León). O "El Cosmonauta", ese proyecto transmedia pionero en tantos sentidos, y que a su manera avanzó un nuevo concepto: el Theatrical On Demand (TOD).

¿TOD? Junten el cine como evento, las películas en gira con “valor añadido” y las maravillas del internet social y lo entenderán. La plataforma más significativa: la norteamericana Tugg, promovida por Nicolas Gonda, productor de las últimas películas de Terrence Malick, pero existen varias más en el Reino Unido, Holanda o Francia. Alternativas que no quieren sustituir nada pero sí complementar un modelo que necesita una evolución a gritos. Sirviéndose de la filosofía crowdfunding, eso que ahora financia muchos films independientes, empodera al espectador con un juego sensacional: a partir de un amplio catálogo online tú decides qué película quieres ver, en formato evento y en el cine que prefieras, iniciando una campaña para conseguir el umbral mínimo de asistentes, y si lo consigues (convenciendo para que pre-compren la entrada, tal como microfinancias un proyecto en Verkami) se efectúa el pase, sino no. De lo online a lo offline, de las herramientas de la web social a la sala de cine. Un servicio con un sinfín de utilidades y posibilidades.

Internet como aliado

Actualmente existen hasta 30 plataformas de Video On Demand (VOD) y similares operando en nuestro país. Ninguna es aún rentable. Y eso no quiere decir que lo hagan mal, al contario. Lo que está consiguiendo Filmin, por ejemplo, es de un mérito incuestionable. Para entrar con el tema no seré yo quien pontifique sobre la solución mágica, lo dejaré en manos de Kim Dotcom, el malvado Bin Laden de la piratería, con su célebre tuit y las 5 reglas de oro para acabar con ella: 1- Crea contenido de calidad, 2 – Haz que sea fácil de comprar, 3- Lánzalo mundialmente el mismo día, 4- Que funcione en cualquier dispositivo, 5- Y que tenga un precio justo.

¿Una quimera? Por ahora, seguro. ¿Que este hombre no puede dar lecciones a nadie? Quizás, pero por la cuenta que le trae diría que sabe muy bien de lo que habla. Este mismo tuit lo retuitearon con orgullo los creadores de VHX, otro reciente gran invento americano, nada sospechosos de ser mala gente (acaban de lograr financiación por 3 millones de dólares). Un servicio VOD donde se empodera al creador a unos niveles nunca vistos, generando un atractivísimo punto de venta de su obra (en alquiler por streaming y como compra, con archivos libres de DRM), y todo envuelto en un lenguaje que no culpabiliza a nadie: We believe artists should make more money for they work. People doing it right. Algo que estan desarrollando al mismo tiempo portales como Vimeo o, a otro nivel, los escoceses Distrify.

Como vemos, ahí fuera pasan cosas. Y aunque nuestra realidad es otra deberíamos estar atentos porque en internet todo avanza a una velocidad de vértigo. Para comprobarlo, el pasado 31 de octubre en la sala Apolo, en el marco del Festival de Cine Documental Musical In-Edit, con su nueva sección Fast Forward, se van a presentar algunos de los proyectos aquí citados. Proyectos innovadores de base tecnológica, que afectan al audiovisual y/o la música y que se encuentran en fase de desarrollo óptimo. Y entre ellos se presentará uno en el que estoy implicado, muy incipiente aún, que asume la idea del Theatrical On Demand y que lo adapta y lo complementa en otros muchos sentidos. Y del que es buen reflejo este artículo.

Por ejemplo, para comprobarlo, el pasado 31 de octubre en la sala Apolo, en el marco del Festival de Cine Documental Musical In-Edit, con su nueva sección Fast Forward, se presentaron algunos de los proyectos aquí citados. Proyectos innovadores de base tecnológica, que afectan al audiovisual y/o la música y que se encuentran en fase de desarrollo óptimo. Y entre ellos se presentó uno en el que estoy implicado, Screenly, muy incipiente aún, que asume la idea del Theatrical On Demand y que lo adapta y lo complementa en otros muchos sentidos. Y del que es buen reflejo este artículo.

 

Este artículo fue publicado originalmente en el suplemento Cultura/s de La Vanguardia, junto a este otro de Pedro Jiménez, en un especial de la sección Pantalla/s coordinado por Ingrid Guardiola

ONE COMMENT ON THIS POST To “Empujen por favor: Nuevas formas de distribución cinematográfica”

  • Gonzalo Martín

    30 marzo, 2014 at 18:47

    La cuestión del “theatrical on demand” en realidad no es tan nueva: siempre se ha podido alquilar la sala por tu cuenta y proyectar. Como tantas veces, internet lo que hace es cambiar los procesos y ahora podemos reunir la demanda para poder justificar el coste al alquiler reduciendo el riesgo de publicitar que tengo un alquiler. De hecho, en eso reside la cuestión: los espectáculos que no pueden contar con los fondos para publicitarse de forma que generen un “awareness” diríamos que masivo, no pueden ser nunca rentables. Y, si no son rentables, no encuentran inversión: de ahí los eternos problemas del llamado cine español: un mercado de escala muy pequeña para permitir de modo constante (es decir, más de unas pocas, muy pocas películas al año) que muchas personas sepan que existe algo que les interesa y paguen por ello. Hay que poner más dinero para hacerlo “consciente” que el que se puede recaudar, generalmente porque son demasiado pocas las personas potencialmente interesadas y llegar a todas ellas es, más o menos, igual de caro que una película transversal a toda la sociedad.

    Se supone que lo que hace internet es precisamente poder reunir comunidades de interés dispersas cuyo coste de ser reunidas era prohibitivo, pero que las redes aglutinan independientemente de su dispersión. Eso abre un campo nuevo insuficientemente explotado (y aprendido) pero que rompe la “dictadura” de los circuitos que llamamos comerciales. Eso son los ejemplos que citas. Recientemente en EE.UU. se ha estrenado Son of God, una película que horrizaba a los puristas porque está hecha de recortes de una serie de televisión sobre la Biblia. Se han forrado. ¿Pero dónde está la novedad? Pues en que, por primera vez en EEUU, se ha estrenado conjuntamente la versión original inglesa junto a la versión doblada en español. La segunda novedad es que esta versión en español se estrenaba en aquellos cines y localidades donde el público, vía internet, solicitaba que se estrenara… Si lograban reunir 100, tenían su copia.

    ¿Ha funcionado? Sí. Muy bien. La jugada de mercado consistía en que el latino de EEUU va siempre a la versión original aunque se la publicites en inglés o en español (es decir, da igual dónde pongas la publicidad, si en el medio latino o en el medio general, que la gente quiere la película que ve todo el mundo). Pero también sucede que las abuelitas y abuelitos latinos de primera generación no hablan bien inglés y mueven su nieto a que les lleve a ver la vida de Jesús: Estados Unidos es un país religioso y sus emigrantes latinos también. Así que interés y demandas de nicho que se mueven en boca a boca y se identifican y reúnen mediante nuevas tecnologías.

    Ahora bien, que nadie piense que hay milagros: las películas de estética y sensibilidad minoritaria lo son por mucho internet que uses. Y los costes de hacerlas, aunque bajen, siguen siendo altos como para pensar que todo es posible.

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