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Hace justo un año nuestros primos de Venusplutón! se despedían tras ser desde 2008 la referencia para la investigación, producción y experimentación en torno al videoclip en España. Los ciclos, la vida, el voluntarismo, la ausencia de ánimo de lucro, la ausencia de lucro incluso con ánimo... (nada que no nos resulte familiar a todo el que trabaje en el audiovisual) hicieron que el proyecto se acabase,  pero en sus archivos nos queda un montón de material que sigue fresco y vigente, y, lo que es mejor, realizado con pasión y con buen conocimiento de la materia.

Para homenajear a Venusplutón! hoy nos gustaría recordar un texto que precisamente hablaba del anticonocimiento, de la ignorancia provocada por los prejuicios que nos impone lo supuestamente moderno e indie, casi siempre angosajón, y que muchas veces mantiene a la crítica musical o audiovisual de espaldas a fenómenos culturales locales de lo más fresco, popular e interesante. Por la parte musical, el debate está de actualidad gracias al reciente publicación del libro "Indies, hipsters y gafapastas" de Víctor Lenore (parte del colectivo Ecos del Gueto).  Más tirando hacia lo audiovisual, en "No sabemos nada" Marc Prades parte de este mea culpa y de la historia de sus propios prejuicios musicales para hacer un recorrido por el ignorado universo de los videoclips del hiphop español más reciente, nacidos del ecosistema Youtube y de las cámaras móviles. Y se parece mucho a lo que en EMBED hemos venido llamando un Código Fuente Audiovisual.  Desde que vimos este texto en mayo del año pasado lo hemos querido traer de alguna forma para acá. Hoy os pegamos aquí un trozo, pero mejor seguís en su casa original y de paso os dáis por allí una vuelta por el fantástico universo de Venusplutón!.

Una de prejuicios e ignorancia

En Venusputón! poca cabida ha habido para los videoclips de hip hop español. Primero por desconocimiento del género y luego porque sencillamente no nos llegan, no aparecen o no sabemos buscarlos bien. De los pocos que hemos incorporado en el archivo del canal tv: el extraordinario Doppelgänger de Elphomega, realizado por Pedro Márquez y David Triviño de Modularestudio, y Boogaloo del zaragozano Kase O. Jazz Magnetism, histórico del género, realizado por Kote.

El prejuicio habitual: el hip hop, el rap o el R&B contemporáneo de aquí audiovisualmente imita, y mal, lo que se hace en Estados Unidos y el mundo anglosajón, con menos inventiva y sin un discurso propio característico, y además lo que se hace allí, por masivo, repetitivo y mainstream, no lo encontramos relevante, salvo honrosas excepciones (la última: el estreno del nuevo vídeo de Kanye West, New Slaves, proyectándolo en diversos espacios urbanos de todo el mundo). Prejuicios malvados.

Y luego está la ignorancia: en mi caso la educación musical ha partido del indie de los años 90, y como mucho me llegaba el hip hop para blanquitos de los Beastie Boys y rarezas universitarias como De La Soul, dejando a parte bombazos inevitables de atender como Public Enemy, claro. Para el recuerdo me quedo con uno de los primeros discos que me compré, editado en 1989 titulado Madrid Hip Hop, que se ve que fue uno de los primeros recopilatorios sobre la movida de la época, con bandas como QSC, D.N.I, Estado Crítico o Sidicato del Crimen. No tenía demasiado éxito con las chicas, así que este hitazo se convirtió en mi perfecta y ridícula venganza:

» Juana de Sindicato del Crimen (1989)

Pero de golpe y porrazo, casi 15 años más tarde, una vez digerido el empacho indie de chiquillo urbano de clase media que ha preferido el soul y el jazz de los años 50, 60 y 70 a lo que hace la comunidad negra norteamericana hoy (porqué sí, qué se le va a hacer), y después de conocer por encima a 7 Notas 7 Colores, Sólo los Solo, Hablando en Plata, SFDK o Mala Rodríguez, me encuentro con un vídeo de un tipo de la província de Ávila que se hace llamar Jarfaiter y ¡oh my god!, ahí hay mucha más verdad, autenticidad y crítica a todos los niveles que en mil videoclips indies y que en otros mil de pose y lujo hiphopero. Y decido bucear. Y lo que encuentro es bastante alucinante.

A través de blogs y webs como Erreapé, El último plan B, Hip Hop Directo, SoloHipHop.es o VersosPerfectos, veo que la producción de videoclips y material audiovisual relacionado es apabullante, masivo, extremo. Claro, ¿cómo no van a hacer vídeos si la facilidad de hoy es total (con un móvil mismo) y si la imagen forma parte indisociable, quizás como en ninguna otra música, del universo estético, fardón, reivindicativo y vacilón que representa el hip hop, el rap o como se quiera llamar?

 

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