¿A quién confiamos nuestros materiales audiovisuales en la red?

Blip.tv decidió hace unos meses eliminar todas aquellas cuentas que no tuvieran contenidos episódicos aunque hubieras pagado por ella desde tiempo ha; todas sabemos que Youtube bloquea aquellos contenidos que pueden terminar siendo monetizados y reclamados por multinacionales; Vimeo, aunque parezca más permisiva, te avisa de que si tienes tres reclamaciones por uso de material ajeno te borran la cuenta directamente. Estos tres casos nos llevan todas a la misma pregunta ¿a quién estamos confiando nuestros materiales audiovisuales en la red?

Seguro que a lo largo de estos años de vídeo en internet han surgido miles de intentos de construir repositorios audiovisuales alternativos. Pero muchos de esos esfuerzos por  “tener un servidor de vídeo propio” han ido haciéndose normalmente, o bien para “evitar la copia” (ahí tenemos el caso de los archivos de televisiones diversas), o bien para poder sacar un negocio adelante controlando todo el archivo (como es el caso de las plataformas VOD). Makusi.tv nace con una vocación que no parte ni de una ni de otra opción.

 En Makusi.tv creemos en la autogestión, la creación y empoderamiento desde la base, evitando el monopolio de la información. Creemos en la coherencia continente (plataforma web abierta) y contenido (video libre). Por eso hemos construido una herramienta autónoma creada desde los mismos principios que inspiran nuestras obras, que son el trabajo en cooperación con los movimientos sociales y las autoras y autores independientes. Apostamos por el conocimiento abierto, a través del software libre y las licencias copyleft, y por el respeto al trabajo “de autor» sin someternos a condicionamientos externos a la hora de censurar un producto. La plataforma web será desarrollada exclusivamente con código y software copyleft, el servidor será Linux y la librería de procesamiento de video también será de código abierto producido bajo la licencia GPL.

La iniciativa parte de Eguzki Bideoak una distribuidora de vídeo alternativo, y de Nodo50, un comprometido proveedor de servicio de infraestructuras telemáticas para la contrainformación, sin ánimo de lucro. Están ahora mismo en campaña de financiación colectiva en GOTEO.org y les quedan apenas 10 días para conseguir llegar al mínimo, ¿les echamos una mano? Apoyes o no el el proyecto (que ya está bastante avanzado en cuanto a diseño e infraestructura) en su blog podéis encontrar una interesante encuesta sobre usos futuros de la posible herramienta. Y si no puedes apoyar con dinero quizás sí lo puedas hacer ayudando con datos.

Realmente, la tecnología ya está desarrollada. Lo que faltaba eran plataformas con un carácter cooperativo, abierto y libre de intereses de las grandes corporaciones. Plataformas cuyos principios éticos sean diferentes, no solo porque acepten licencias creative commons, sino porque se comprometan a respetar al máximo cuestiones relacionadas con la libertad de expresión. Plataformas, por qué no decirlo, políticas. Cierto es que Archive.org (que no es precisamente un dechado de amabilidad en su navegación y su gestión) o las indagaciones y avances en torno al Open Video están trabajando en estas cosas. Pero en el estado español no había surgido ninguna iniciativa similar, excepto Adtlántida.tv, que se financió de forma similar y que se encuentra ahora mismo en estado de desarrollo. Esto es lo que pretende ser Makusi.tv.

Empujen por favor: Nuevas formas de distribución cinematográfica

anamari

La encrucijada actual de la distribución de cine es de las que hacen época. Estamos, como en tantos otros sectores, inmersos en una transición salvaje, reconstituyente podríamos decir.

En España el cine que no está controlado por las majors norteamericanas, las grandes distribuidoras de cine en todo el mundo, un ejército prácticamente invencible, apenas supone el 25% del mercado. El margen es poco, ridículo ante cualquier negociación. Y en este débil panorama, uno de los grandes símbolos del sector, la distribuidora Alta Films, cierra. Enrique González Macho, su responsable, es quien tomó el relevo de Álex de la Iglesia (ese “loco” que decía que el futuro ya era internet) en la presidencia de la Academia del Cine. Un tipo clave, respetado, representativo de la generación que surgió en la Transición, que a su vez había tejido con los años una red de cines vital, los Renoir, también en desmantelamiento.

Desde un punto de vista económico los datos son catastróficos, y cada día aparece uno peor, pero desde un punto de vista artístico el momento del “otro cine español” es de traca, y no me refiero sólo al mal llamado cine low-cost. Unos empujan, innovan y abren caminos, inventándose nuevas maneras de mover sus películas, ya sea por convicción o porque no les queda otro remedio, y otros resisten ejecutando soluciones viejas a problemas nuevos o mirando con indignación cómo nadie se ocupa de ello. Y digo “nadie” como sinónimo de las administraciones públicas.

Como decía Carlos Losilla de otra manera en un artículo publicado en La Vanguardia el junio pasado respecto al cierre de cines: que se muera lo viejo para que venga lo nuevo. Esa tragedia o esa ilusión que ha servido como argumento para tantas buenas películas.

El cine como evento

Vayamos a los orígenes: ir al cine como acto social, ¿lo recuerdan? El ejemplo más sintomático, el gran éxito de las sesiones de cine Phenomena Experience, porque apela precisamente a eso: a la nostalgia de cuando éramos niños e íbamos al cine como un acto colectivo, masivo y lúdico. Siempre está lleno, con aforos de hasta 1800 espectadores. Programas dobles, actividades paralelas, gritos, risas, aplausos. Pero claro, con películas populares clásicas que conocemos todos y que no necesitan inversión en promoción, de ahí el bucle (de interesantes lecturas) y su gran truco. ¿Y qué hacemos con las películas de ahora? ¿Y con las que no son tan populares?

Acceder al sistema tradicional de distribución en salas y que luego te funcione está más difícil que nunca. Y plantear estrategias complementarias al tan soñado estreno en cines, choca frontalmente con las viejas normas de las distintas ventanas de explotación de la obra (cines, DVD, televisión, VOD), con sus tiempos, trabas e intereses particulares. Pero citaré hasta 6 casos recientes que han intentado romper esta dinámica, películas de aquí que se han buscado la vida para moverse de manera diferente, consiguiendo cierto éxito o al menos apuntando pistas de eso nuevo que tiene que venir.

Por un lado films como «Mapa», de Elías León Siminiani, o «Los Ilusos», de Jonás Trueba, que organizaron una ruta de proyecciones en distintas ciudades, con coloquio y presencia del director, y con un modelo híbrido de exhibición: cines comerciales privados y centros culturales públicos (del CCCB a la Cineteca del Matadero de Madrid, todo ese circuito paralelo que se ha ido creando para sustituir la función que antes hacía un Cine Verdi por ejemplo, del que son representantes también proyectos online tan estimulantes como Márgenes o PLAT, o la nueva iniciativa del Festival de Cinema D’Autor, distribuyendo en parte por este circuito 10 films de éxito de su festival). O «Blancanieves», de Pablo Berger, que realizó una ruta de proyecciones por grandes teatros con concierto en directo de su banda sonora, generando más ingresos y notoriedad que por la vía tradicional. O la ruta de este verano de «Barcelona Nit d’Estiu», de Dani de la Orden, con llenos absolutos, música en directo, charlas con el equipo y gran complicidad con el público (una estrategia integral hilvanada por Filmin y Cameo, que ya hicieron de las suyas con el estreno de «Carmina o revienta» de Paco León). O «El Cosmonauta», ese proyecto transmedia pionero en tantos sentidos, y que a su manera avanzó un nuevo concepto: el Theatrical On Demand (TOD).

¿TOD? Junten el cine como evento, las películas en gira con “valor añadido” y las maravillas del internet social y lo entenderán. La plataforma más significativa: la norteamericana Tugg, promovida por Nicolas Gonda, productor de las últimas películas de Terrence Malick, pero existen varias más en el Reino Unido, Holanda o Francia. Alternativas que no quieren sustituir nada pero sí complementar un modelo que necesita una evolución a gritos. Sirviéndose de la filosofía crowdfunding, eso que ahora financia muchos films independientes, empodera al espectador con un juego sensacional: a partir de un amplio catálogo online tú decides qué película quieres ver, en formato evento y en el cine que prefieras, iniciando una campaña para conseguir el umbral mínimo de asistentes, y si lo consigues (convenciendo para que pre-compren la entrada, tal como microfinancias un proyecto en Verkami) se efectúa el pase, sino no. De lo online a lo offline, de las herramientas de la web social a la sala de cine. Un servicio con un sinfín de utilidades y posibilidades.

Internet como aliado

Actualmente existen hasta 30 plataformas de Video On Demand (VOD) y similares operando en nuestro país. Ninguna es aún rentable. Y eso no quiere decir que lo hagan mal, al contario. Lo que está consiguiendo Filmin, por ejemplo, es de un mérito incuestionable. Para entrar con el tema no seré yo quien pontifique sobre la solución mágica, lo dejaré en manos de Kim Dotcom, el malvado Bin Laden de la piratería, con su célebre tuit y las 5 reglas de oro para acabar con ella: 1- Crea contenido de calidad, 2 – Haz que sea fácil de comprar, 3- Lánzalo mundialmente el mismo día, 4- Que funcione en cualquier dispositivo, 5- Y que tenga un precio justo.

¿Una quimera? Por ahora, seguro. ¿Que este hombre no puede dar lecciones a nadie? Quizás, pero por la cuenta que le trae diría que sabe muy bien de lo que habla. Este mismo tuit lo retuitearon con orgullo los creadores de VHX, otro reciente gran invento americano, nada sospechosos de ser mala gente (acaban de lograr financiación por 3 millones de dólares). Un servicio VOD donde se empodera al creador a unos niveles nunca vistos, generando un atractivísimo punto de venta de su obra (en alquiler por streaming y como compra, con archivos libres de DRM), y todo envuelto en un lenguaje que no culpabiliza a nadie: We believe artists should make more money for they work. People doing it right. Algo que estan desarrollando al mismo tiempo portales como Vimeo o, a otro nivel, los escoceses Distrify.

Como vemos, ahí fuera pasan cosas. Y aunque nuestra realidad es otra deberíamos estar atentos porque en internet todo avanza a una velocidad de vértigo. Para comprobarlo, el pasado 31 de octubre en la sala Apolo, en el marco del Festival de Cine Documental Musical In-Edit, con su nueva sección Fast Forward, se van a presentar algunos de los proyectos aquí citados. Proyectos innovadores de base tecnológica, que afectan al audiovisual y/o la música y que se encuentran en fase de desarrollo óptimo. Y entre ellos se presentará uno en el que estoy implicado, muy incipiente aún, que asume la idea del Theatrical On Demand y que lo adapta y lo complementa en otros muchos sentidos. Y del que es buen reflejo este artículo.

Por ejemplo, para comprobarlo, el pasado 31 de octubre en la sala Apolo, en el marco del Festival de Cine Documental Musical In-Edit, con su nueva sección Fast Forward, se presentaron algunos de los proyectos aquí citados. Proyectos innovadores de base tecnológica, que afectan al audiovisual y/o la música y que se encuentran en fase de desarrollo óptimo. Y entre ellos se presentó uno en el que estoy implicado, Screenly, muy incipiente aún, que asume la idea del Theatrical On Demand y que lo adapta y lo complementa en otros muchos sentidos. Y del que es buen reflejo este artículo.

 

Este artículo fue publicado originalmente en el suplemento Cultura/s de La Vanguardia, junto a este otro de Pedro Jiménez, en un especial de la sección Pantalla/s coordinado por Ingrid Guardiola