Taller online de micronarrativas audiovisuales

EMBED.at/laboratorio ofrece un taller en el Espacio-Red de Prácticas y Culturas Digitales de la UNIA bajo el título «Micronarrativas audiovisuales: comprender y practicar memes, Vines y gif animados». El curso será completamente virtual y durará seis semanas, entre el 20 de octubre y el 30 de noviembre de este año. La matrícula está ya abierta a un precio de 30 euros. Toda la información al completo está en la web de la UNIA. Así explicamos en el folleto en qué consistirá el taller:

 

subcom marcos gif

La narrativa audiovisual cada vez escapa más de los formatos establecidos por los medios clásicos y abraza las características de la red: rapidez, ubicuidad y remezcla. Pasa además a ser ya no sólo un arte o una práctica cultural para convertirse en una herramienta de nuestra comunicación cotidiana: en el medio digital hemos pasado de dialogar con emoticonos a hacerlo con gifs animados. Somos capaces de extraer el máximo significado a unos pocos segundos de vídeo. A través del loop desafiamos la linealidad de los discursos audiovisuales preestablecidos. Y la generación Youtube está ya dejando paso a la generación Vine.

Ante la gran cantidad de nuevos microgéneros audiovisuales que nacen, se reproducen y desaparecen cada día, conviene detenerse a observar, deconstruir su contenido, su forma y sus procesos de producción y difusión, así como los contextos que los hacen posibles. Y, también, aprender su lenguaje para conocer sus posibilidades y sacarles el máximo partido aplicado a nuestros contextos particulares.

Este lenguaje, en parte, responde a una paradoja: vivimos en un momento en el que la tecnología elimina muchas de las barreras tradicionales a la hora de crear. Tenemos más libertad que nunca en cuanto al formato, la duración, lo que podemos contar y la forma de hacerlo… Pero a la creatividad no le basta con la libertad: necesitamos restricciones para estimularla y para desafiar al ingenio. A ese conjunto de restricciones y normas que compartimos para obtener mayor gozo de nuestra creatividad le llamamos juego. Y estos nuevos formatos no son más (ni menos) que eso: un juego que se basa en reglas temporales y formales, que se aprende a través de la imitación, la remezcla o los ejercicios de estilo, como los que practicaban en los años 60 los escitores de OuLiPo. Uno de ellos, George Perec, lo resumía así: «en el fondo, me doy reglas para ser totalmente libre».

Comenta Felipe G. Gil en su artículo “Vine, vuelta a la artesanía audiovisual” (“Diario Turing – Eldiario.es») que, al margen de lo tecnológico, estas micronarrativas «utilizan técnicas narrativas muy antiguas: la síntesis, la repetición, la elipsis o las ilusiones ópticas son obligaciones nada novedosas para las personas que gustan de contar historias. Y es precisamente esta artesanía audiovisual lo que convierte a Vine en fuente de interesantes tendencias y experimentos».

En este taller veremos, pues, cuáles son estas tendencias y experimentos que nos ofrecen soportes como Vine o los gif animados, analizando cómo funcionan de forma individual y cómo se construyen de forma colectiva. Aprenderemos también cuáles son las técnicas narrativas y los referentes más o menos conscientes de los que se nutren estos medios, desde Méliès o las vanguardias del siglo XX hasta los memes, el ‘slapstick’ o la cultura ‘selfie’.  Y a través del juego trabajaremos de forma práctica en los distintos ejercicios de estilo a los que nos someten las restricciones de cada uno de estos formatos.

 

Sympler y Pop: remezclando vídeo desde el móvil

popgif

En 2013 llegó el vídeo social al móvil gracias a Vine. En 2014 llega la remezcla. Dos nuevas aplicaciones nos permiten jugar a ser VJs con nuestro teléfono y sofistican esta nueva forma cada vez más expresionista de comunicación interpersonal hipster que llamamos «mandar un gif animado».

La primera es Sympler, que, como su nombre indica, permite samplear imágenes de forma muy sencilla al ritmo de la música que elijamos. Podemos usar las canciones (sin DRM) que tengamos guardadas en el móvil, nuestras fotografías y vídeos o también usar las de la librería por defecto, que nos dan una idea de qué quieren los creadores de la aplicación que hagamos: pinchar imágenes con nuestro pulgar al ritmo que nos pida el cuerpo o la música, y después guardar el vídeo resultante o compartirlo en las redes sociales. Aquí una demostración:

SYMPLER – Demo (Short) – July from Alexander Kane on Vimeo.

La segunda es Pop y es obra de los creadores de Zeega, la aplicación web que permitía editar vídeo interactivo al principio (era una plataforma pensada para narrativas tipo webdoc) pero que más tarde se decidió por explotar el potencial expresivo de remezclar gifs animados. Pop permite hacer esto mismo, superponer dos gifs de forma que tocamos la pantalla podemos ver el segundo en el momento que queramos, y así hacer una edición en directo de jugando a hacer este loop dual hasta que nos cansemos. La idea es ofrecerle a la gente una nueva forma de comunicarse usando gifs y crear un nuevo hábito que sea «hacer pop», confiando (quizá demasiado) en que «when you pop, you can’t stop».

Pop – Remix the world from Pop on Vimeo.

Más allá de que estas aplicaciones puedan tener éxito o no, o se popularicen fuera de la burbuja del SXSW y el entorno de start-ups de Williamsburg o San Francisco, sí apuntan una misión interesante: facilitar la remezcla audiovisual en directo y poner su lenguaje al alcance de la muchachada propietaria de smartphone. Veamos qué sale de ahí y si, como pasó con Vine, los usuarios se apropian de estas herramientas para construir nuevos géneros y discursos. O si, por el contrario, estas apps se quedarán en el intento de institucionalizar el juego espontáneo de decirnos cosas a golpe de vídeo y de gif.

 

 

Vine, vuelta a la artesanía audiovisual

Vine

Vine es una red social que se basa en compartir vídeos de 6 segundos reproducidos en bucle. Nació en junio de 2012 de la mano de Dom Hofmann, Rus Yusupov y Colin Kroll. Antes de que la aplicación fuera lanzada, fue adquirida por Twitter en Octubre de ese mismo año. Sus principales características son:

Duración de 6,5 segundos. La limitación, similar a los 140 caracteres, obliga a los usuarios a sintetizar.
Imposibilidad de subir vídeos no realizados con la propia aplicación. A pesar de que algunos usuarios han conseguido hackear esta opción y de que hasta hace muy poco, no se podían guardar borradores (ahora sí).
Edición en pantalla. El usuario graba mientras pulsa la pantalla. De ahí que puedan hacerse elipsis. Y de ahí que se hayan popularizado los stop-motions (Recientemente también, la app ha incluído un sistema para reordenar planos dentro de un mismo vídeo pregrabado).
Formato cuadrado. Al igual que Instagram y en contra del imperio del 16:9, Vine apuesta por el formato 1:1.
– Reproducción en bucle. Una vez el vídeo está publicado, el resto de usuarios lo consumirán en bucle.
Características habituales de una red social digital: puedes seguir a otras personas (following) y podrán seguirte (followers), etiquetas creadas por usuarios (hashtags), menciones a otros usuarios y categorías (propuestas por la propia aplicación).

A menudo se escucha con recelo a muchas personas que permanecen inmunes a las novedades del mundo geek. Esa inmunidad suele ser una mezcla de prejuicio y sentido común. El marketing ha hecho mucho daño haciéndonos creer que estamos permanentemente desactualizados. La gran paradoja de algunos de los gadgets o apps es que suelen ser que no son más que lo que el maestro Henry Jenkins diría: convergencia de medios.

Evidentemente y como toda aplicación de nueva generación, se basa en una tecnología que hace años no existía. Pero no nos engañemos: Vine, al margen de lo tecnológico, utiliza técnicas narrativas muy antiguas: la síntesis, la repetición, la elipsis o las ilusiones ópticas son obligaciones nada novedosas para las personas que gustan de contar historias. Y es precisamente esta artesanía audiovisual lo que convierte a Vine en fuente de interesantes tendencias y experimentos. Mencionaré unos cuántos.

La cultura selfie ha aumentado las dosis de sobreactuación de los usuarios en redes sociales donde la comunicación audiovisual ocupa un lugar central. Esto no es una novedad. Lo que probablemente sí lo sea es practicar la performatividad sin grabar 10 minutos y luego elegir el momento perfecto de dicho material. ¿Es posible documentar una performance en una sola toma? Es lo que tratan de probar muchos usuarios, como Cody Johns, contratado por Spotify.

Hay muchos otros usuarios que en ocasiones realizan este tipo de incursiones, como Rix (un usuario muy popular en el ámbito latinoamericano) o como Princess Lauren.  En España, dos personas que teatralizan su cotidianeidad con creatividad e ingenio son Paulifacético y el actor y dramaturgo Eduardo Casanova.

Por otra parte, Meliés estaría muy orgulloso de que hordas de usuarios de Vine hayan rescatado el noble arte del trucaje audiovisual. Ya sea en forma de en forma de ilusiones ópticas, dentro de las cuáles el grupo 88c es una clara referencia, llegando a haber compartido sus juegos con los jugadores de la NBA de Toronto Raptors: o en forma de stop-motion, como en este homenaje a la propia historia del cine realizado por Daniel Ojanlatva en honor a Buster Keaton.

Pero al final, el viejo mantra que dicta que a más cantidad de limitaciones mayor es la creatividad tiene algo de cierto. Hay usuarios que han sublimado las reglas de juego de la herramienta proponiendo proyectos seriados en los que la linealidad no es lo importante. Lo importante es el universo narrativo que rodea y da justificación a los vídeos. Aquí van 3 de mis preferidos.

Batdad

Blake Wilson es un padre que comenzó a usar Vine sin demasiadas pretensiones cuando de repente algunos de sus vídeos se viralizaron. Su biografía explica muy bien su universo narrativo: “Tengo cuatro niños y una máscara de Batman”. La mayoría de sus Vines tienen una estructura similar: un plano en el que aparece Batman en primer término, alguno de sus hijos o su mujer de fondo y entonces él dice algo imitando el oscuro y ronco tono de voz de Batman. Sus comentarios suelen ir en la línea de lo que un padre vive a lo largo de su día a día. Por ejemplo aquí, le dice a uno de sus hijos: “Table is for GLASSES, not for ASSES” (La mesa es para vasos, no para culos).

Está claro que su inocente ejercicio de apropiación en clave de humor del universo narrativo que propone Batman es una más que ingeniosa forma de compartir los quehaceres de la paternidad.

Rudy Mancuso

En este caso nos encontramos ante un joven artista cubano cuya familia emigró a USA. Tanto por su actividad en Twitter como en Vimeo podemos ver que se trata de un caso más de nativo digital con el gen artista-humanista corriendo por sus venas. Toca el piano y la guitarra, canta, edita vídeos, escribe…pero en su cuenta de Vine encontramos una serie de vídeos en los que reflexiona en clave de humor sobre su condición migrante.

Chilling with americans
Look that pretty cool

And there are not even racist
Even let me clean their pool
Wait, What?

Divirtiéndome con americanos,
Se ve muy guay
Y ellos no son racistas
Incluso me permiten limpiar la piscina
Un momento…¿qué?!

Simply Silvio

Y quizás mi usuario favorito, obra del realizador Albert Birney. Silvio es un mono muy sensible y elegante al que gustan mucho los ganchitos de queso y versionar pequeñas secuencias de series o películas. Es muy complicado explicar porqué me gusta, quizás y como dijo : «La felicidad parece mucho más fácil de obtener cuando se trata de las cosas pequeñas. Últimamente mi felicidad proviene de una extraña e inesperada fuente: vídeos de 6 segundos de un gorila llamado Silvio«.

Este texto fue originalmente publicado por Felipe G. Gil en Diario Turing de @eldiarioes.